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Dos nombres de gran calibre están ligados a la educación de Chicxulub Pueblo: el de la profesora Lilia María Cachón Escamilla y el del maestro José Wilbert Medina Várguez, cuya remembranza presentamos en esta ocasión:

Aunque no convivieron con el maestro José Wilbert Medina Várguez, las nuevas generaciones de Chicxulub reconocen en este profesor rural al alma fundacional de la primaria federal Francisco I Madero, escuela que construyó piedra sobre piedra y donde 32 años orientó como un faro de luz el camino hacia la libertad de conciencia y el inicio del desarrollo humano  de niñas y niños de este pueblo.

    Esta sencilla semblanza se realizó en mayo de 2016 en casa del Maestro Wilbert en la colonia Miguel Alemán, de Mérida, donde reside con su esposa, la maestra Aida Guadalupe Peralta Briceño, quien tiene frescas y claras, como si fuera ayer, las vivencias de sus alumnos de la primaria estatal Felipe Carrillo Puerto, donde ella impartió clases durante 10 años.

     Don José Wilbert nació el 20 de abril de 1936 en Ticul. Se “recibió” de maestro en la Escuela Normal Rural San Diego, de Tekax. Ejerció también en la escuela Educación y Patria, y la Secundaria Federal No. 1, ambas de Mérida. Laboró 53 años en el magisterio, carrera que concluyó como inspector de zona con sede en su ciudad natal.

    Su paso indeleble en Chicxulub está estrechamente vinculado con la creación de la federal Francisco I Madero, colegio que antes de tener edificio propio se albergó temporalmente en la sede de la Liga de Resistencia Socialista y en la Casa Ejidal. El 6 de octubre de 1961, el entonces gobernador Agustín Franco Aguilar inauguró el avance de las primeras aulas del plantel.

    Candelario “Candil” Puga fue el primer chamaco que se inscribió en la Federal, cuyo primer director fue Don José Wilbert, y sus primeras mentoras, las maestras María Teresa Ruz y Gladis Cardeña. En la población todavía se recuerda que los estudiantes llevaban aunque sea una piedra para edificar la escuela. Se organizaban kermeses para recaudar fondos de la obra, en la cual el entonces alcalde don Gervasio Pech “colaboró mucho”.

    La maestra Guadalupe Peralta Briceño, que nació el 7 de noviembre de 1935 también en Ticul, sonríe al recordar que sus cinco hijos nacieron durante la época en que, al mismo tiempo que su esposo, impartía clases en Chicxulub. Frente al campo de corridas estaba ubicada la casa donde vivía y construyó un corral para sus hijos infantes “ch’eles”, quienes por ser rubios como su papá eran una especie de atracción o espectáculo para otros niños más grandes que acudían a verlos.

    Al maestro Maestro Wilbert no se le olvida que Iselo “Chelo” Pech viajó a la ciudad de México como estímulo del gobierno por sus buenas calificaciones en la Federal.

    De los momentos deliciosos de su estada en Chicxulub, la profesora Guadalupe Peralta, cuya imagen que se recuerda de ella es de una mujer muy guapa y de buenos sentimientos, tiene presente un 15 de mayo, ocasión en que un pequeño alumno le llevó de regalo un huevo, casi caliente, envuelto en papel. Piensa aún que ese Día del Maestro la gallina sobre el nido era lo único que tenía a la mano ese niño de escasos recursos.

    “No quería quitarse de Chicxulub”, comenta la maestra mientras mira con orgullo a su esposo, a quien le brillan los ojos mientras las imágenes de su estancia en Chicxulub vuelven a proyectarse con todos los sentidos en su memoria, especialmente en el álbum de su corazón.

    “Nosotros despertamos a Chicxulub”, expresa con voz baja, pero con firmeza el profesor José Wilbert, quien desde hace cinco años encuentra el sentido profundo a una enfermedad que lo postra en la cama.

   La biografía docente del maestro Wilbert Medina es ejemplo de esos hombres de temple y decisión a quienes la vida les encara para preguntarles sobre su responsabilidad entre sus semejantes: educar, entiendo por educar descubrir sus semillas de grandeza y nutrirlas para que con lo mejor de su persona lleguen a ser la mejor versión de sí mismos.

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LOS MAESTROS DE CHICXULUB

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