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Desde niño, el doctor Héctor Armando Rubio Zapata quiso ser médico cuando llegase su juventud, vocación que se consolidó al ver durante muchos años a su abuelo acostado en su hamaca padeciendo sufrimiento y dolor por una enfermedad crónica.

   “Quiero curarle la enfermedad”, se decía a sí mismo con esperanza. Pero el abuelo descansó para siempre cuando Héctor Armando todavía estudiaba la carrera que lo ha llevado a Europa para contribuir al desarrollo de la Terapia Génica, el último avance de la ciencia médica contra el cáncer y que se vislumbra como una alentadora promesa terapéutica en el futuro cercano.

   El médico yucateco se graduó en la Facultad de Medicina, de la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY). Estudió la maestría en Ciencias en Morfología de la Universidad Autónoma de Aguascalientes. Cursó el doctorado en Neurobiología Celular en el Centro de Investigaciones Científicas y de Estudios Avanzados (Cinvestav), del D.F.

   En Francia realizó una estancia de investigación en cáncer. En el Instituto Nacional de Salud y la Educación de la Medicina, de París, el doctor Rubio Zapata empujó el adelanto de la Terapia Génica, una nueva terapia experimental que consiste en enviar un gen específico a una célula maligna a fin que ésta se autodestruya o registre una muerte programada, sin que el tratamiento selectivo dañe células sanas como sucede con la quimioterapia y la radioterapia.

   En pacientes con pronósticos menos buenos y cuya enfermedad no se puede curar con los fármacos  actuales, la Terapia Génica es una esperanzadora alternativa para detener el crecimiento de tumores sólidos, como de seno, próstata, colón y pulmón, que son comunes en Yucatán, señala el médico que nació en Chicxulub el 20 de diciembre de 1971.

   Las células de tumores sólidos bloquean el paso de los genes que las matan. En el laboratorio de Cancerología  Fundamental y Tumores Sólidos, del Hospital San Antonio, de París, el doctor Héctor Rubio aplicó la manipulación genética para esconder en una molécula un gen que aniquiló selectivamente células malignas injertadas en ratones usados en el experimento. Se ocultaron los genes mortales para el cáncer en el interior de la molécula llamada Poliplex de Neurotensina, la cual no es rechazada por las células malignas. Una vez alojada dentro de su objetivo, el Poliplex de Neurotensina se abrió como un Caballo de Troya y dejó escapar los genes que buscaron el núcleo de la célula tumoral para destruirlo.

   La mitología cuenta que en símbolo de paz los griegos regalaron a sus enemigos troyanos un caballo gigante de madera con la intención de introducir a la amurallada Troya a guerreros que estaban ocultos en el artefacto bélico y que luego salieron a destruir la ciudad, que cayó en el engaño.

   El médico chicxulubense aclara que las metas profesionales no se sirven en bandeja de plata, sino que son recompensa de esfuerzos, sacrificios y preparación. Es común que mientras la mayoría de los pobladores del Pueblo del Cráter duerme, el joven galeno aún esté en su escritorio estudiando hasta las 4 o 5 de la mañana. Aprendió inglés y francés con miras a la investigación científica en otros países.

   “Sólo porque no se ha inventado nada más, tú no lo estudias”, bromean sus padres Rita Consuelo Zapata Alé y Miguel Angel Rubio Quijano para resaltar la imparable curiosidad del profesional por saber más.

   De los casos que le ha tocado atender, Héctor Armando Rubio Zapata guarda como un pedacito especial en su corazón el recuerdo de doña Aída, una paciente del Hospital Regional del Issste que sufría de insuficiencia renal crónica, cardiopatía, diabetes y otras enfermedades. “Ella prácticamente vivía en la cama, pero tenía una alegría por vivir impresionante. Cuando yo llegaba temprano al hospital, siempre me recibía con una sonrisa. Siempre vivía con la ilusión de quedar bien”, relata el médico que cada año recibía en las puertas de su casa un píib que el enviaba doña Aidita en muestra de su gratitud.

     Doña Aída enseñó al doctor de Chicxulub Pueblo que se puede vivir feliz a pesar de sufrir enfermedades y afrontar todos los problemas del mundo, cuya resolución muchas veces no está en manos de quien los padece.

   “El objetivo de los seres humanos es vivir con lo mucho o lo poco que se posea”, agrega Héctor Armando, quien mide sus logros con base en el parámetro de su propio crecimiento personal. No se siente más, ni se siente menos. Simplemente es feliz como médico y persona sencilla.

    El doctor Héctor Armando Rubio Zapata es maestro de tiempo completo en la Facultad de Medicina, de la UADY. En sintonía con el místico proverbio de India que reza “Todo lo que no se comparte, se pierde”, el profesor manifiesta que un árbol de conocimientos puede estar muy precioso, pero si no da frutos, no deja huella en el mundo.

   Disfruta mucho cuando enseña a los estudiantes de medicina el potencial que tiene su profesión médica para aliviar el sufrimiento físico y emocional de sus semejantes.

    Además de ser investigador de las ciencias de la salud, el médico yucateco ofrece consultas en su natal Chicxulub, su pequeño pueblo que aún conserva el sabor de la solidaridad, valor que no cambia por ninguna de las modernas y cosmopolitas ciudades del planeta donde ha vivido o paseado como turista.

    Por el sentido de vida que tiene para buscar nuevas, revolucionarias y siempre anheladas terapias para curar el cáncer, el maestro Héctor Armando Rubio Zapata es un genuino médico de la esperanza.

VOCACIÓN

EL DOCTOR HÉCTOR RUBIO ZAPATA

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