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Ubicadas a cinco kilómetros de la playa de Chicxulub Puerto se encuentran las Trincheras de Chicxulub, un grupo de tres barricadas militares, una de mampostería y dos de albarrada –o de piedra seca-, que fueron construidas, probablemente, de 1717 a 1744, para defender de piratas el camino en línea que iba de la Vigía de Chicxulub al pueblo homónimo. No obstante la fecha ofrecida de su datación, desde el siglo anterior, hay algunas noticias de defensas en los caminos costeros hacia la capital de la provincia. En esta semblanza coincidimos con las tesis del doctor Jorge Victoria Ojeda en Mérida de Yucatán de las Indias y De la defensa a la clandestinidad. El sistema de vigías de Yucatán. 1750-1847.

    El Plano de la costa de Yucatán, su capital la ciudad de Mérida con los pueblos que señala. La que visitó su gobernador y capitán general Don Antonio de Cortayre es un mapa elaborado en 1722 donde se muestra todo el sistema defensivo en los caminos del norte de Yucatán: 18 grupos de trincheras y casas de correos. En la ruta que iba de la Vigía de Chicxulub a Mérida se reportan cinco grupos de esos parapetos. Su función consistía en obstaculizar el paso de filibusteros en un posible intento de llegar a la capital. Posiblemente las de piedra seca ya existían cuando Juan Joshep de Vértiz, en 1717, informó que en el norte de Yucatán había este tipo de parapetos.

    La línea de mampostería,  al igual que sus homónimas de más al norte en todos los grupos de trincheras, se construyó posiblemente en 1744 durante el gobierno de Antonio Benavides Bazán y Molina, para reforzar esos conjuntos defensivos.

    Una descripción somera de esa obra proviene del 4 de octubre de 1896, cuando el periódico progreseño El Horizonte, publicó acerca de una trinchera de mampostería que se destruyó en el cruce de caminos de Chicxulub Puerto y pueblo, donde había una placa de piedra con la inscripción: “Oi día 26 de marzo de 1799 se acabó esta obra por orden del Sargento Maior”. Seguramente el redactor de la nota leyó 1799 en vez de 1744, fecha que tiene la lápida de las Trincheras de Ixil.

    Estas trincheras son en verdad parapetos proyectados como refugio abierto para defenderse de un ataque o repeler al enemigo. Seguramente el Regimiento de Pardos, militares con antepasados africanos, eran enviados a la protección de las trincheras de manera esporádica. No se sabe el nombre del ingeniero militar que diseñó estas obras de arquitectura militar únicas en América.

    Actualmente las obras están descuidadas y semidestruidas por los saqueadores de piedras para su molienda. Sin embargo es notable aún que el grupo que está en dirección al norte es de mampostería, tiene 19 troneras en cada lado del muro de 1.20 metros de grosor y su base tiene forma de L invertida, cuyos lados miran al oriente y el norte. Los otros grupos, de piedra suelta, estaban alineados a ésta en dirección al sur y fueron las destruidas hace unos años.

    Por otra parte, las trincheras debían estar en contacto con los puntos costeros llamados Vigías y en Chicxulub Puerto existía uno de ellos. Así, el 18 de febrero de 1766, el ingeniero militar español Juan de Dios González redactó el informe Reconocimiento y estado de la Provincia de Yucatán en el cual menciona a la Vigía de Chicxulub, atalaya en la playa a la que podían acercarse fragatas, balandras y goletas por contar con aguas profundas.  Esta vigía ya se reportaba a fines del siglo XVII.

    El origen de las Trincheras de Chicxulub y la Vigía de Chicxulub puede verse por la constante amenaza de filibusteros que merodeaban las aguas del Caribe y el Golfo de México. Por ejemplo, en 1664 piratas desembarcaron repentinamente en la costa y se internaron hasta Chicxulub e Ixil, pueblos que saquearon cruelmente.

    El primer paso de un sistema de defensa ante esos acosos fue la instalación de la Vigía de Chicxulub, que por definición era un puesto de vigilancia o torre fabricada con troncos y techo de guano. La acompañaban casas de paja. El encargado era un español llamado vigía o vela. Los indígenas que servían en ese punto eran denominados atalayeros y provenían de los pueblos más cercanos, en este caso, de Chicxulub.

     Con el paso del tiempo, de la tarea defensiva asignada los velas o vigías debían también prevenir la introducción del contrabando a la región, sin embargo, en lugar de hacer lo propio formaron una red que se dedicó a introducir comercio ilegal a Yucatán, red que era encabezada por el gobernador en turno.

    Acerca de los encargados de esos puestos, en 1765 el vela de Chicxulub era José Manzanilla y en 1777, Tomás Palomo, ya para el siglo XIX, en 1831, se reporta en ese empleo a Andrés María Bacelis.

    En el informe de 1766 se reportan seis chozas en la Vigía de Chicxulub. Posiblemente las casas con el paso del tiempo terminaron formando el nuevo puerto de Chicxulub, donde en 1842 estaban matriculados 38 hombres dedicados a la pesca. 

ARQUEOLOGÍA

LAS TRINCHERAS DE CHICXULUB

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